El amor no muere…
El verdadero amor no se muere. No es una vela que se
consume, ni un vaso que se vacía.
El verdadero amor se mata. Y mata de verdad quien mata al
amor.
El verdadero amor no se rompe…
No es cristal que truena con los golpes, ni es hueso que
estalla entre las llamas...
El verdadero amor se mata.
Se asesina, se asfixia, pero no se rompe ni desaparece.
Porque no es un objeto… No es reemplazable. No tiene igual.
Porque no volvemos a ser los mismos después de haber muerto…
Porque quien mata nuestro amor nos mata a nosotros.
Ya lo han dicho viejos hombres poetas… “Por que quien ama
muere, y quien no ama, no ha vivido en realidad.”
Pero quién mata al amor?
Quién puede ser realmente señalado culpable?
Quien mata al amor se defiende de ser asesinado por él…
Defensa propia y cobardía tal vez… O tal vez falta de
perspectiva… Si todos hemos de morir, qué mejor manera que siendo asesinados
por el amor.
El crimen perfecto por excelencia. El agresor, el arma y la
víctima… todo esto es el amor.
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Gracias a los que siguen leyendo... sigan amando!

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